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Las mejores tertulias de cine: Con la Muerte en los Talones (1963)

CinemascopazoTítulo original: North by Northwest Año: 1959 Duración: ???. País:  Estados Unidos Director: Alfred Hitchcock Guion: Ernest Lehman Música: Bernard Herrmann Fotografía: Robert Burks Reparto: Cary Grant, Eva Marie Saint, James Mason, Martin Landau. Productora: Metro-Goldwyn-Mayer

Lo cuenta Hitchcock en ese libro que debería poder infiltrarse en vena a los amantes del cine. Una de las ideas que tenía era incluir una escena ambientada en una fabrica de coches. Cary Grant tendría una conversación a lo largo de la cadena montaje en la que le daban información, seguramente poco transcendental y, en su paseo, iríamos viendo cómo un coche va construyéndose ante nuestros ojos.

Al acabar la conversación el coche, en un sólo plano, ya estaría totalmente acabado. Grant abriría la puerta del conductor y un cadaver caería desde dentro.

¿Apetece que la hubiera incluido, verdad? Pero no lo hizo, porque no encontró la manera de justificar quién había metido ese cadaver ahí ni cómo.

Así era Hitchcock, se burlaba de “sus amigos racionalistas” que buscaban infinitos huecos en sus guiones (que los hay, y muchos, sólo hay que pensar en Vértigo, pero sabía donde estaba el límite de lo creíble, conocía tanto a su público que jamás le obligaba a suspender la credibilidad más allá de los límites.

Con la Muerte en los Talones, es, sin embargo, la película más fantástica que hizo Hitch. Nada encaja, nada funciona con una lógica, es más bien, una serie de catastróficas desdichas que se encadenan porque al genio le da la real gana porque lo que le importa es la aventura. Lo que nos quiere contar es que es capaz de entretenernos sin pausa y de hacernos disfrutar al extremo. En realidad parece que Hitch tuviera una especie de lista de escenas apasionantes que quería filmar y se inventó la historia de Kaplan sólo con la excusa de hacerlo. Otra película nació así: En Busca del Arca Perdida. Y uno puede cambiar la figura de Grant por la de Indy arrastrándose entre trigales muentras una avioneta trata de machacarle la cabeza.

El cabrón inglés una vez hizo una apuesta con un técnico de rodaje a que este no era capaz de sobrevivir una noche en el set encadenado y con sólo una botella de cerveza. El técnico aceptó encantado y allí quedó, toda la noche atado a un andamio con esa cerveza a la que Hitch había añadido un potente laxante. Cuentan que la imagen a la mañana siguiente no pudo ser más dantesca.

Eso nos hace Hitchcock, jugar con nosotros, despreciar nuestra inteligencia, adelantarse a ella y callar la boca a los amantes de anticiparse al director llevándole por donde jamás habría imaginado. Hitchcock te llama tonto en cada fotograma y lo peor es que tiene razón.

Uno de los mayores engaños de la carrera de Hitchcock se esconde en esta peli. No en su trama, no en sus imágenes. Hagamos una prueba. Piensa en esta película, en cuando la viste por primera vez, en las muchas otras que la has visto. Piensa en una cifra que marque lo que crees que dura su metraje.

Ahora busca la duración en Google…

VOILÁ… MAGIA.